Pensar Inteligente

Pensar Inteligente

El turismo tiene por un lado un equivalente al descanso, la diversión, el descubrimiento, la sensación de escapar de la realidad cotidiana y disfrutar, aunque sea brevemente, de una realidad alternativa. Pero por otro lado, tiene ese significado económico, de generador de empleos y dinamizador de las economías locales, que solo apreciamos los profesionales e idóneos propios del área, y es donde el gestor del destino y sus actores no tienen que quedarse en con las “viejas costumbres”. Es necesario tener la capacidad de poder pensar inteligentemente basados en el conocimiento de datos. 

José Quevedo, en su informe  La información estadística para el análisis del turismo 

especifica “La política turística y la actuación de los agentes u operadores económicos en los mercados turísticos exigen un conocimiento lo más aproximado posible de la realidad sobre la que actúan, es decir, disponer de una estadística fiable, coherente, adecuada y oportuna sobre la estructura y las evoluciones económico-sociales del fenómeno turístico y además, disponer de información sobre sus relaciones o interdependencias con otros sectores económicos y sociales.”1

Pero, ¿qué son los datos? ¿cómo accedemos a ellos? Y, por sobre todas las cosas ¿para qué sirven? Para Edward De Bono (escritor, médico, psicólogo, filósofo y profesor universitario), «La información y la inteligencia también son muy importantes, pero ninguna de las dos garantizan, ni mucho menos, la capacidad de pensar, la capacidad de mirar las cosas sin transitar siempre por los mismos patrones establecidos”.2

En este punto resulta importante hacer hincapié en ciertas transformaciones que afectan a los modos de ser y estar de todas las personas en el mundo moderno, las modificación en el estilo de vida cotidiano y por sobre todo la compatibilización entre esta y los dispositivos digitales de comunicación e información. La industria turística no es la excepción. Turistas y visitantes realizan búsquedas en internet mucho antes de siquiera comenzar a planear el viaje, como una pesquisa constante de ideas que los lleven a la próxima aventura y consumen en redes sociales a pares que comparten su experiencia. 

Además, los turistas conocen su valor de usuarios y saben que ante cualquier inconveniente tienen la posibilidad de dejar su comentario en cuanta red social quieran, sin ningún esfuerzo, solo basta con escribir una reseña, por ejemplo en TripAdvisor -la red turística por excelencia-, para que en poco tiempo miles de viajeros del mundo se hagan eco de la situación, o incluso compartirlo en sus propias redes sociales y que esta opinión sea rápidamente difundida entre amigos y conocidos. Y que todo esto esté respaldado por contenido audiovisual: fotos, videos, audios; todo aquello que pueda fundamentar una opinión -ya sea positiva o negativa-.

Pero ¿qué es lo que hace posible esto? El smartphone es un elemento infaltable para cualquier persona en la vida cotidiana, pero sobre todo para un turista. Muchas veces funciona como un nuevo documento de identidad, y eso lo hace un medio indispensable para crear y generar experiencias en torno al viaje. Incluso modifica el comportamiento del turista, ya que es mucho más fácil desplazarse sin tanta planificación previa. Las decisiones principales del viaje como dónde dormir, comprar o qué hacer, se pueden consultar, comparar y adquirir a través del teléfono celular y en el momento. Los smartphones hace tiempo dejaron de ser sólo un dispositivo para hablar por teléfono: son pequeñas computadoras de múltiples herramientas, que permiten desde informarse sobre el clima en cualquier parte del mundo, hasta dejar comentarios en tiempo real sobre un evento o servicio.

Esta tendencia empuja a los destinos y las empresas a basarse en la tecnología y la digitalización para gestionar sus servicios y operaciones de una manera más eficiente. Internet convirtió a los consumidores en usuarios, que con la web 2.0 pasaron de ser los receptores pasivos a ser partícipes activos en el desarrollo de la oferta y la retroalimentación mediante reseñas e interacción, como colaboradores y creadores de contenido individual. 

Aunque esto también representa un problema. En la otra cara de la moneda, nada de lo que hacemos en internet deja de ser observado, tanto por personas particulares como por empresas, y el turismo no es la excepción. Datos personales, demográficos, comportamiento de consumo, cuanto más nos conocen las empresas más perfecto puede ser el producto o servicio que diseñan para nosotros, pero ¿A qué precio? ¿Cuál es el costo que vamos a pagar a futuro por ceder tan libremente nuestros datos más personales? 

Entonces, pensar inteligentemente es aprender, entender, razonar, tomar decisiones y formarse una idea determinada de la realidad, de esa realidad que cambia constantemente en un mundo sumamente digitalizado y conectado. Es no dejarse estar con patrones de conductas y estructuras organizacionales que no son compatibles con las realidades actuales y futuras.

¿Están preparadas las empresas turísticas para pensar inteligentemente? ¿Estamos preparados los gestores de turismo para ir al ritmo de los nuevos cambios que generan las condiciones del mercado turístico en relación a las tecnologías?


Lic. Pereyra, Romina

Lic. Dvojak, Iván


Referencias:

1- Estudios Turísticos, n.2 140 (1999) 59 José Quevedo

2-https://www.lanacion.com.ar/cultura/ser-inteligente-no-significa-saber-pensar-nid332813/


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